Reflexión
19/9/2021

El turismo comunitario es la solución para descentralizar el turismo masivo

En los últimos años, mucho se ha hablado del calentamiento global, la crisis climática y del impacto del turismo masivo en estos temas. Pero poco se habla de una alternativa posible, poco se habla del turismo comunitario.

En México, tenemos situaciones que amenazan en gran medida a nuestras zonas naturales, como lo es toda la zona de Quintana Roo. Eventos masivos en distintos lugares, como la Baja 1000 donde vehículos todo terreno recorren el desierto por más de 1000 km, contaminando o matando especies que se atraviesan en el camino; La aglomeración de personas en festivales musicales en Tulum, que dejan toneladas de basura sobre las playas; El uso de animales para espectáculos... Y más ejemplos que podría dar. El punto es, que el turismo masivo bajo las prácticas tradicionales que tenemos desde hace muchos años, nos ha llevado a la explotación de recursos naturales y socioculturales.

Podrás decir ¿Cómo el turismo explota recursos socioculturales? Pues es muy simple: existen lugares con mucha riqueza en cuanto a gastronomía, tradiciones, costumbres, etc., que son parte de grupos específicos, principalmente indígenas, y que al darse una práctica masiva del turismo, estos se convierten en parte del atractivo, como pueden ser festejos, artesanías y demás. Al momento de estas prácticas, los recursos se vuelven solo un atractivo y, por ende, un producto que solo basta hacer una compra para poder obtenerlo, sin dar el valor cultural al mismo. De este modo, toda esa riqueza, pierde valor y pasa a un segundo término. Se vuelve frívolo y sin sentido. Eso sin mencionar la apropiación de otros grupos que no pertenecen a dicha cultura, y que sólo generan la misma práctica con el único objetivo de obtener un bien económico, como tiendas de artesanía en aeropuertos u hoteles, donde todo se vuelve solo un producto bonito y caro, restando todo el valor que se deposita desde la persona que la realiza.

Pues bien, de acuerdo con esto que he comentado, una de las soluciones prontas y efectivas que pueden darle la vuelta a estas prácticas, es el Turismo Comunitario. ¿Cómo? Más simple aún: el objetivo principal de este tipo de prácticas, es salvaguardar toda esa riqueza que he comentado, otorgando mayor fuerza a las comunidades involucradas y dueñas de esos recursos, dando al viajero una experiencia mucho más profunda y significativa.

Al abrir estas alternativas y formas de viajar, nos adentramos en la esencia de las culturas, los territorios, las tradiciones y demás, de modo que somos parte de las mismas, más allá de solo comprar un artículo vacío de producción masiva o de ser espectadores efímeros.

Cuando nos quitamos la etiqueta de turista, para viajar hacia la profundidad de los lugares, donde conectamos con otros humanos, diversificamos las opciones del turismo y debilitamos la centralización de las viejas prácticas. Así, generamos una derrama económica directa a las comunidades, empoderándoles y evitando muchas situaciones que no favorecen a la cultura, como la migración o la apropiación de los recursos por parte de grupos ajenos a la comunidad. Además, democratizamos y fomentamos la economía circular, en lugar de ser parte de un capitalismo avaro.

El turismo comunitario regresa la fuerza y el valor a los pueblos que alguna vez, las grandes empresas y desarrollos turísticos, les arrebataron para convertirles en empleados. A través de esta alternativa, la riqueza natural, histórica y sociocultural regresa a sus manos, brindándote una experiencia sin igual más allá de un espectáculo.

Cómo lo dije en otro artículo, el turismo comunitario tiene la capacidad de transformar nuestro entorno por un mundo más amable, justo y respetuoso, donde tanto nuestros anfitriones como viajeros, hacemos trueque de experiencias y culturas, desde el corazón.

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